S C R O L L

Del cielo al bosque

Esta es una travesía por la historia, las comunidades y los bosques de niebla que albergan los pocos árboles de quina sobrevivientes en nuestros territorios. Decidimos recorrerla para seguir sus rastros en el mundo natural y comprender su heroica existencia.

El árbol de la quina, Cinchona o cascarilla, cuya corteza ha salvado más vidas humanas que cualquier otro en la historia, hasta hace dos décadas se creía extinto.

Su hábitat, una larga franja boscosa entre los Andes y la Amazonía, está hoy amenazada por el cambio climático y la depredación.

La quina existe como bisagra entre pisos ecológicos, la memoria y visiones de sistema-mundo.

La quinina, uno de los 35 alcaloides del árbol de la quina, fue identificada como febrífuga por expediciones científicas del siglo XIX que recorrían territorios en busca de recursos. Su “descubrimiento” —ya era conocida por los pueblos indígenas— impulsó la conquista de estas “tierras exóticas”. Es así como los ejércitos imperiales lograron vencer a su más grande obstáculo y enemigo: la malaria.

En el siglo XIX el Perú ocupaba un lugar en la economía-mundo como cantera de materia prima. Los imperios del Atlántico Norte demandaban Cinchona para el comercio farmacéutico. Esto condujo a la biopiratería de semillas con destino al África y el Asia. Al mismo tiempo, sucesivos gobiernos peruanos y agentes locales incentivaron la explotación desmedida del recurso: se rasgaron toneladas de corteza y se taló indiscriminadamente.

“Rústica sabiduría
de la corteza
del árbol aéreo
que se alza
sobre las estrellas”.

Pedro Favaron

Tras superar la incertidumbre generada por siglos de depredación, hallamos algunos ejemplares. Nos adentramos, entonces, en un mundo de conocimiento inmemorial sobre batanes y macerados para procesar y conservar su corteza. Descubrimos la sabiduría de las comunidades hermanadas con la cascarilla.

Guardianes

Demetrio Chávez

Agricultor y conocedor de la flora nativa

Comunidad de Querocoto, Cajamarca

Demetrio busca que plantemos árboles nativos y no especies traídas de otros lugares, como el pino o el eucalipto. Además, detalla cómo aplican la quina en las comunidades.

Fátima Marcelo

Especialista forestal

Estación Experimental Agraria Baños del Inca, Cajamarca

Fátima sabe que la quina, por su armonioso vínculo con el bosque y su capacidad de almacenar agua y purificar el aire, es crucial para mitigar el cambio climático. El potencial de este árbol para comunidades e investigadores es inmenso.

César Lucero Huamán

Agricultor y ecologista

Comunidad campesina de Kañaris, Lambayeque

Para incentivar la propagación de la Cinchona en su hábitat natural, César ha creado en su casa el vivero Shumaq Quina. En los bosques cercanos a Kañaris él rescata brinzales o pequeñas plantas silvestres y las traslada a lugares más idóneos.

Nataly Allasi Canales

Bióloga evolutiva, investigadora de plantas andinas y amazónicas

Doctora de la Universidad de Copenhagen

Nataly analiza la crisis de la biodiversidad y del cambio climático. En su trabajo, la ciencia occidental y los conocimientos ancestrales se complementan para hallar soluciones ante estos desafíos.

Neptalí Fernández

Agricultor y defensor de la quina

Comunidad campesina La Cascarilla, Cajamarca

Neptalí anhela la regeneración de la quina allí donde antes proliferaba y hoy está reducida por la expansión de la frontera agrícola. Recuperar la Cinchona es clave para asegurar el suministro de agua en la zona y más allá.

Franklin Fernández

Ingeniero forestal e investigador de la quina en la Universidad Nacional de Jaén

Comunidad Campesina La Cascarilla, Cajamarca

Incentivado por el entusiasmo de sus padres para rescatar el árbol de la quina, Franklin estudió ingeniería silvicultural. Ahora ayuda a aliviar las tensiones agroecológicas en su comunidad gracias a la propagación tecnificada de la Cinchona.

 
La quina en el tiempo

La malaria pudo haber aniquilado a la mitad de los humanos del planeta. El uso de la quinina en los siglos XIX y XX sirvió para evitarlo, al mismo tiempo que permitió el avance de los ejércitos imperiales. La historia de la Cinchona y la medicina antimalárica se reunieron en el interés capitalista de actuar bajo el hoy cuestionado lema de “dominar a la naturaleza para dominar a las sociedades”.

Mosquito/Malaria

Leer +

Uno de los grandes debates médicos de Occidente fue determinar las propiedades de la quinina. En 1677, tras decenios de polémica, en Inglaterra se reconocieron los efectos medicinales ya validados por las culturas indígenas desde tiempos sin fechar.

Si hubo o no malaria en América antes de la conquista es objeto de polémica: unos investigadores sostienen que llegó con los europeos y africanos en el siglo XVI; otros, que ya existía, debido al intercambio entre poblaciones de Australasia y nuestro lado del Pacífico. Más allá de la respuesta definitiva, está comprobado que las antiguas sociedades utilizaban derivados de la Cinchona para tratar síntomas diversos.

Carrera imperial

Leer +

Los viajes de reconocimiento y colonización de Europa hacia América aumentaron de modo exponencial: en 1800 hubo alrededor de 20; en 1850, unos 100; y en 1900 casi se duplicaron. Una de las primeras incursiones europeas interesadas en el árbol de la quina fue la expedición científica franco-hispana de 1736.

Dirigido por Charles-Marie de la Condamine (París, 1701-1774), el viaje, que se inició en el Ecuador y continuó por el Perú hasta 1743, marcó la carrera por indagar en territorios que se pudieran colonizar. A través de mediciones geodésicas y descripciones medioambientales, topográficas y de especies, también se alentó el interés por la geografía y la botánica de nuestro continente.

Ecocidio

Leer +

Se estima que entre 1752 y 1796 se talaron más de 11 millones de árboles de quina en territorios del Perú y Ecuador. La cifra la calculó José Celestino Mutis (Cádiz, 1832-Bogotá, 1808), erudito botánico establecido en la actual Colombia, quien se basó en registros de los cargamentos que partían del Callao y llegaban al puerto de Cádiz, España.

En el Perú el ecocidio se intensificó cuando en 1845 el gobierno de Ramón Castilla abrió caminos en la Amazonía. Se inició una escalada de exportación que rara vez bajó de las 200 TM al año, con picos de más de 800 TM en 1881-1882. La explotación del recurso colapsó en 1898.

Biopiratería

Leer +

A inicios del siglo XIX, botánicos ingleses se propusieron llevar el árbol de la quina de los bosques nubosos de los Andes a la India (Gran Bretaña tenía dificultades para colonizar esa región debido a la malaria que diezmaba sus ejércitos). Usando cajas de Ward o terrarios, que mantienen vivas las plantas en viajes transoceánicos, lograron su propósito.

La leyenda afirma que el gin tonic surgió de un brebaje preparado para soldados y oficiales británicos con la corteza de este árbol. Lo cierto es que el cóctel surgió en espacios recreativos de Europa y no en frentes de conquista infestados de mosquitos.

En tiempos de espionaje industrial y apropiación de semillas, fueron los holandeses quienes lograron el cultivo masivo de árboles de quina en sus colonias de Indonesia. Desde cerca de 1865 hasta que Japón invadió esos campos en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, casi toda la corteza que se comerciaba provenía de esas colonias. La geopolítica del frente asiático terminó repercutiendo en las reservas de quina de los Andes. Luego del ecocidio, los últimos bastiones de Cinchona yacieron tranquilos… hasta la pandemia del covid-19.

Medicina moderna

Leer +

Mal-aria, ‘mal aire’, llamaban en la antigüedad a lo que hoy denominamos malaria o paludismo, enfermedad que, decían, emanaba de las paludes o lugares de aguas estancadas. A fines del siglo XIX científicos europeos identificaron que, en cambio, se transmitía a través de un parásito del mosquito, el Plasmodium. Los avances contra este mal comenzaron en 1820, cuando un laboratorio parisino aisló químicamente quinina y cinchonina.

En las décadas de 1930-1940, desde la proliferación de sintetizaciones químicas como la hidroxicloroquina y la creación del dicloro-difenil-tricloroetano (DDT) empleado para rociar pueblos y poblaciones, la malaria se redujo de forma drástica. Hoy tiene cura y hasta una vacuna, pero, debido a desigualdades económicas y sociales, millones siguen infectándose y cientos de miles mueren por su causa.

Identidad

Leer +

En 1820, antes de la independencia oficial del Perú, el general José de San Martín ideó una bandera blanquirroja para un país en ciernes pero ya con símbolos patrios relacionados con su geografía. En 1823, con un sistema político incipiente, frágil y contradictorio, funcionarios estatales decidieron buscar iconografía entre los recursos naturales. Las élites de la época sostenían que la imagen del sol entre montañas, elegida por San Martín, era retrógrada debido a su nexo con lo prehispánico y la religión andina. En 1825 el Congreso aprobó la bandera que alberga un escudo con la vicuña, la cornucopia y el árbol de la quina, elegido por su prestigio científico y medicinal, codiciado por países imperiales y asociado al concepto de “progreso”, tan de moda en aquel siglo XIX.

“El árbol de la quina en el Escudo Nacional es un símbolo del descuido y del maltrato que los peruanos damos a nuestros recursos naturales, es decir a nuestro patrimonio. Es un símbolo vergonzoso, es un reproche diario a nuestros antepasados irresponsables y a nuestra propia indolencia, que la independencia no sacudió”.

Marc Dourojeanni

Lucha antimalárica estancada en el mundo

Incidencia de casos considerando dos escenarios: si se mantiene la trayectoria actual o si se logra la Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria para el 2030.

millones de casos 247 millones de casos 208 millones de casos 86 millones de casos 15 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 2025 2026 2027 2028 2029 2030 Estimados actuales de la incidencia global de malaria Hitos de la Estrategia Técnica Mundial (línea base de 2015) Tendencia pronosticada si la travectoria actual se mantiene
millones de casos 208 millones de casos 15 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 2025 2026 2027 2028 2029 2030 Estimados actuales de la incidencia global de malaria Hitos de la Estrategia Técnica Mundial (línea base de 2015) Tendencia pronosticada si la travectoria actual se mantiene millones de casos 247 millones de casos 86

La quina en América

Venezuela Brazil Peru Ecuador Colombia Panama Costa Rica Bolivia
 

Del bosque al agua

Los árboles de quina siguen los rastros del agua, desde la neblina de los cerros que los nutren hasta las escorrentías de las quebradas donde crecen. Entre luces y sombras provistas por alisos y otras especies nativas, el conjunto puede verse como una metrópolis natural o como un océano verde en el que sus mástiles se alzan.

En el hogar de la Cinchona o cascarilla habitan orquídeas amarillas y bromelias rojas, hierbas diversas y, entre sus ramas, helechos que viven de su savia. Asoman líquenes alrededor de su tronco y anuncian lluvia los zorzales de la tarde. Se presienten, entre montañas, vestigios de gentiles y de míticas poblaciones prehispánicas.

 

“Pero el bosque vivirá siempre, sin perder su espíritu, sin dejar de ser un bosque, será siempre la primera campiña, una ciudad compuesta de árboles que serían sus casas y palacios verdes. El bosque es la ciudad del valle, Cosmópolis, la urbe populosa, leda por el viento y el agua. La ciudad mística y atrayente de un nuevo mito, que sería el alma vegetal, que alimenta la materia y el espíritu por su esencia vital de creación constante”.

José María Eguren

En los bosques de Kañaris
Te encontré mi bella planta
Tus hojas rojo-verde embellecen el bosque verde
“Chupica cascarilla” te llaman, nombre muy ancestral
De ti nacen las aguas puras que riegan el bosque verde
Por la historia ancestral árbol de la quina te llaman
La ciencia te llama “Cinchona
Yo te llamo “chupica cascarilla”.

César Augusto Lucero
Agricultor y músico de Kañaris

"Según dicen algunas antiguas tradiciones, el árbol de la vida crece al revés.
El tronco y las ramas hacia abajo, las raíces hacia arriba.
La copa se hunde en la tierra, las raíces miran al cielo.
No ofrece sus frutos, sino su origen.
No esconde bajo tierra lo más entrañable, lo más vulnerable, sino que lo arriesga a la intemperie: entrega sus raíces, en carne viva, a los vientos del mundo”.

Eduardo Galeano

Acerca de

Árbol de la fiebre es, también, un proceso de búsqueda creativa, atravesado por una reflexión continua que nace de su figura como (contradictorio) símbolo nacional desde que empezamos a construir esta nación llamada Perú, hace ya 200 años.

Hay constantes históricas que parten de la modernidad en América Latina, tales como la apropiación del mundo natural por parte de los imperios del Atlántico Norte y la sobreexplotación de recursos vitales para la industrialización de Occidente; y en paralelo, la esclavitud y masacre de indígenas en complicidad con los gobiernos de turno y la traición de quienes debían defender a sus comunidades pero permitieron su abatimiento.

Mi proyecto anterior, Isla Azul/Rebelados, en el que descubro la historia amazónica del boom del caucho mediante un álbum de fotografías, expone el mismo patrón histórico de intereses y codicia. Así como con el árbol de la quina, representantes del Estado peruano catalizaron el abuso social y ecológico. A través de la corrupción y las relaciones desiguales de poder, élites extranjeras y locales usufructuaron de su dominio en una estructura neocolonial.

Pese a que mucho ha cambiado en el Perú y otros países de Latinoamérica, buena parte se ha transformado sobre la epidermis de un statu quo corrupto y desigual. En pleno siglo XXI, la malaria persiste y es ahora una enfermedad asociada a la pobreza.

Hoy enfrentamos las consecuencias de un cambio climático que invade cada ámbito de nuestra existencia. No hay territorio ni ser vivo que no haya empezado a sentirlo. En este contexto de extinciones sistémicas, los bosques nublados andino-amazónicos que albergan al árbol de la quina podrían desaparecer en 25 años.

La paradoja de la Cinchona, como representante de ecosistemas amenazados y contenedor de saberes ancestrales, sobrevive en un des/orden mundial que nos condena y que a la vez nos abre oportunidades: en este caso, su gran potencial para revalorarnos gracias a descubrimientos que trascienden la utilidad de su corteza.

***

Árbol de la fiebre es un proyecto ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura 2020 otorgado por la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO) del Ministerio de Cultura del Perú.

Malú Cabellos

malucabellos@gmail.com
www.malucabellos.pe